Buenas tardes navideñas… Quizás hubieras preferido que publicara una foto familiar rodeada de regalos, pero esto es lo que vimos ayer en el centro de Madrid. Dos personas sin hogar, una acostada a las puertas de una zapatería de lujo y la otra adornando el árbol de Princesa, acompañada por una perrita y sus tres o cuatro preciosos cachorros. Personas que esa noche no se enteraron de que era una noche buena, porque fue simplemente una noche más. La mujer comía un bocadillo a la luz del árbol, contenta con sus perros y las pocas monedas que le caían. La otra persona, presupongo un hombre pero no lo sé, parecía dormir al amparo de los zapatos. Me pregunté qué harían los empleados de la zapatería cuando llegara la hora de cerrar. A la mujer le dimos conversación y unas monedas, al hombre un le dediqué un suspiro y un pensamiento de consuelo, para mí y para él, que me encuentro perdida en el silencio de no saber qué hacer ni qué decir. Mi respeto por todas aquellas personas que sobreviven con su vida lo mejor que pueden, en noches de luz y noches de oscuridad

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