Consciencia, consciencia, consciencia…
Para sentir el abrazo, su ausencia, la necesidad o no de pedirlo, dejarse abrazar, abrazar a cambio, sin cambio, porque sí, sin más…
Abrazoterapia, consciente y alegre. No invasiva. Respetuosa.
Un niño no abrazado, no tocado, no mirado, no se desarrolla ni física ni psicológicamente. 
El adulto sobrevive mal sin el contacto físico y el anciano que no lo tiene muere de pena, se fosiliza, el corazón fragmentado y olvidado.
Yo disfruto de los abrazos. Me nace darlos alegremente.


Quisiera pasar el resto de mi vida abrazando, sintiendo tu calor y el poderoso latir de tu corazón. Dejar caer todas las barreras y abandonarme a la ternura, aunque me haga tan vulnerable.
Déjame abrazarte, por favor. En ti y en mí estamos todos, tú y yo contenemos a la Humanidad. Ayúdame a recibirte, pídeme si necesitas. 


Mírame. Estoy aquí. Te veo. Te reconozco. 
Escrito por María