AMAR LO QUE ES
Dice Byron Katie en su libro “Mil nombres para la alegría”:
“No sé qué es lo mejor para mí, para ti o para el mundo. No trato
de imponer mi voluntad en ti ni en nadie más. No te quiero cambiar, ni
mejorarte, ni convertirte, ni ayudarte ni sanarte. Solo quiero dar la
bienvenida a las cosas tal como van y vienen. Eso es verdadero amor. La mejor
forma de guiar a las personas es permitirles encontrar su propio camino.”
 
Si estamos atentos veremos mucha necesidad en el mundo. Algunos
puede que decidamos mirar a otro lado para no sentir dolor, otros nos
contagiamos de las emociones de los demás confundiendo la empatía con el
sufrimiento compartido. Estamos también quienes nos atrevamos a mirar y a
tender una mano, con el sincero deseo de aliviar el sufrimiento ajeno. Todos
nos hemos visto en alguna de estas posiciones, y todo está bien, porque son
estadios en el camino de hacernos más conscientes y de comprender que el dolor
es inherente a la vida humana.
 
Puedes intentar distraerte, de diversas formas, pero más pronto o
más tarde te va a tocar. Y si no le añadimos resistencia, se quedará en dolor y
no pasará a ser sufrimiento. Todas las cosas de la vida son impermanentes. Todo
va y viene. Todo pasa.
 
Dicen que lo único que permanece es el amor. Y yo siento, como dice
Katie, que mi presencia compasiva (entendiendo compasión como la define el Dalai
Lama: Deseo de que todos los seres sintientes estén libres de sufrimiento) es
la manera que yo he encontrado para acompañar mi propio dolor y el de otros.
Una mirada que no juzga, un corazón que no se siente culpable por el
sufrimiento propio o ajeno,  una mano
tendida hacia mí y hacia otros.
 

 

Humanidad que comparte dolor pero que sabe también, si se lo
propone, encontrar la belleza y la alegría en cada instante. 
 
Ese instante es ahora.
Escrito por María