Cuando tienes dolor. Habilidades para gestionar el dolor físico y emocional.

La necesidad de escribir surge en mí desde muy pequeña. No tenía opción: escribir o morir. Permitir que saliera de mí todo aquello que me inquietaba, me enamoraba o me quitaba la paz era el único camino para sobrevivir un mundo que no entiendo pero que estoy aprendiendo a aceptar radicalmente. Mi lucha de juventud fue cambiarlo. Mi anhelo en la madurez es vivir en paz en él, tal como es.

No podemos dar lo que no tenemos. Por esto me dispuse a aprender tanto como me era posible para poder enseñar. Enseñas mejor lo que más necesitas aprender, dice Richard Bach en Ilusiones. Y yo necesito aprender a gestionar el dolor, físico y emocional. El dolor llama a menudo a mi puerta. No me avergüenza decirlo. Soy una mujer resiliente y superviviente.

Necesito aprender a navegar a través de mares tormentosos. El trauma también está presente en mi vida, en ocasiones a través de la vida de los demás. Trabajando en un hospital es difícil que no te toque el dolor ajeno. Los niños enferman y, aunque son niños, también mueren.

Necesito aprender a convivir con cientos de pantallas que se cruzan cada día en mi camino y me roban la paz, cuando los distraídos digitales desatienden sus obligaciones en el trabajo, en la familia… Nietos frente a abuelos, padres frente a hijos, hijos frente a padres, hombre y mujer: todos separados por pantallas que sustituyen el necesario, imprescindible toque humano, encuentro de miradas, voces que convergen para comprenderse. Es una epidemia de la que ya me he infectado pero quisiera superar. Mil veces elegiré darte la mano que teclear en un móvil. Mil veces preferiré escuchar tu historia que guasapear nimiedades. Mil veces elegiré un baño de bosque o un paseo a caballo que mirar una pantalla.  

Sobre todo esto necesitaba escribir. Me urgía vaciar mi alma de la inquietud que observo en tantos, quizás para compartir las pistas que a mí me conducen hasta un remanso tranquilo de vacío… Un vacío lleno de sentido y de propósito.

Si te interesan, si los quieres, me los puedes encargar (696457932) y te los mandaré por correo. Cuestan 11.50 (están incluidos los gastos de envío. A más cuentos, menos gastos de envío). Si nos vemos en persona, un cuento cuesta 10 euros, dos 18 euros y los tres 25 euros. Llevan mucho trabajo detrás, cientos de años de esfuerzo, infinita ilusión y toneladas de terquedad por sacarlos adelante. En los tres te presento una situación-problema y una solución al conflicto, por medio de metáforas. El enanito de Tessa simboliza su dolor, que se relaja si ella deja de pelar y de enfrentarse a la realidad. María sobrevive en una situación que le supera a fuerza de usar su imaginación, de visualizar una realidad que acaba siendo, con los años, la que consigue vivir. Santi vive ajeno al mundo natural, que es su origen. Aunque cree estar conectado, realmente está muy desconectado de su esencia. Su amiga le muestra una oruga y se obra el milagro: sus ojos son capaces de ver la mariposa. Al final de cada cuento hay una reflexión para adultos y pistas concretas, sencillas, que llevarán a los adultos por buen camino si existe un compromiso con el propio bienestar. No podemos exigir a los niños lo que nosotros los mayores no ponemos en práctica. Estos libros son para grandes y pequeños.

El resultado final es el fruto del delicado trabajo de las ilustradoras, Enca Fernández y Silvia Romeral que han sabido plasmar mis escritos con un acierto sobrecogedor. Gracias también a Ricardo de GDG graphic en Zaragoza, por su buen hacer en la maquetación. Y a V31 de Monzón por la maravillosa impresión y la confianza.

Y gracias también, por qué no, a mí misma, por ser cabezota y no permitirme la renuncia cuando las cosas no pintaban tan bien.

Escrito por María

El mundo de Santi. Estrategias para crecer entre pantallas.

Feliz

María, Marinera Feliz. Navegar en la resiliencia.