La ecología se puede definir como las relaciones que mantienen los seres vivos con el medio en el que viven. Siento un profundo respeto por las personas que aman, respetan y defienden la biodiversidad maravillosa de esta Tierra en la que vivimos. Los que estamos inmersos en los procesos de enseñanza-aprendizaje no podemos ignorar que nos movemos y relacionamos dentro de determinados contextos. Cuidemos el espacio que nos acoge.

LA ECOLOGÍA DEL AULA: EL BIOTOPO

El biotopo es un término que procede del griego que viene a significar lugar de vida o ambiente de vida. Aplicado al aula, sería el espacio físico donde se desarrolla la experiencia de aprendizaje. Necesitamos describirlo en estrecha relación con la biocenosis u organismos de todas las especies que lo habitan (estudiantes y profesores). Es decir, el biotopo tiene que ofrecer las condiciones ambientales necesarias para que la biocenosis propia del lugar se desarrolle en condiciones favorables.

Y yo me pregunto, ¿cómo son nuestro biotopos en la escuela, en los institutos, en los despachos, en los departamentos? ¿Son ambientes de vida? ¿Ofrecen las condiciones adecuadas para que todos los organismos vivos que los habitan se desarrollen y prosperen hasta alcanzar su máximo potencial?

Algunos de los factores físicos que podemos tener en cuenta son la luz y la temperatura. ¿Son adecuadas? ¿Necesitamos subir o bajar persianas, ventilar el aula, cerrar ventanas, abrir puertas…?
También está la disposición de las mesas. ¿Están ordenadas de acuerdo a algún propósito o campan a sus anchas? Si hay de más, ¿dónde guardamos las que sobran? ¿Cómo podemos configurar las mesas para que todos salgamos beneficiados y nuestro biotopo sea un lugar más acogedor y tranquilo?

Y por último, aunque en los centros de infantil y primaria lo tenéis muy claro, en secundaria no es raro ver las paredes de las aulas desnudas, vacías de contenido y de ilusión por lo que allí se vive cada día. Vamos a toque de timbre y nos olvidamos de cuántas cosas se aprenden a través de exposiciones de trabajos propios o ajenos, fotografías y murales.

Todos estos aspectos influirán en que los procesos que se lleven a cabo en el aula vayan encaminados hacia el máximo bienestar posible, que ojalá fuera lo que todos tenemos en mente cuando pensamos en educación.

ECOLOGÍA DEL AULA. LA BIOCENOSIS Y SUS RELACIONES: EL MUTUALISMO

Una biocenosis (también llamada comunidad biótica, ecológica o simplemente comunidad) es el conjunto de organismos que coexisten en ese espacio definido como biotopo.

Los organismos más destacados que habitan el biotopo de las aulas son, lógicamente, alumnos y profesores. Comparten un espacio determinado durante un tiempo y allí se relacionan formando una pequeña comunidad cuyos individuos interaccionan de distintas formas.

Lo ideal sería que se establecieran relaciones en las que ambos organismos salieran beneficiados, lo que la biología llama “mutualismo”. Individuos de distintas especies interaccionan, se benefician y mejoran sus aptitudes. También se le puede llamar cooperación, cuando ocurre entre individuos de la misma especie.

Ésta sería la situación ideal en el aula, en la que todo bicho viviente, independientemente de su edad y condición, se relacionara de manera colaborativa y amable teniendo en mente en el beneficio mutuo y el desarrollo y mejora todas las partes implicadas.

Es preferible que esta relación de mutualismo sea temporal y sirva un propósito concreto, de manera que se vaya avanzando hacia formas más complejas de cooperación, en las que los organismos escogen beneficiarse mutuamente pero pueden perfectamente desarrollar sus capacidades sin depender del otro (sea quien sea).

El mutualismo es de gran importancia para la vida en la Tierra. Y nuestras aulas no pueden quedarse aisladas de este hecho. Colaboración, cooperación, interrelación para el beneficio mutuo es el presente y futuro de la educación.

ECOLOGÍA DEL AULA: LA GESTIÓN DE LOS RESIDUOS EMOCIONALES

Siento, luego existo.

No podemos seguir ignorando el hecho de que, si no tomamos en consideración las emociones de las personas que conforman la biocenosis del aula (todos los seres vivos), no vamos a llegar muy lejos como educadores. La letra nunca entró con sangre. Lo que entraba con sangre era mucha ira y mucha rabia. Se cercenaban de raíz talentos y posibilidades de futuro.

Todas las experiencias se perciben y asimilan desde un estado emocional y, a su vez, una vez vividas, dejan un residuo emocional en nosotros que unas veces es positivo y otras no.

Dicen los neurocientíficos que el cerebro humano tiene un sesgo negativo, es decir, está configurado por su evolución a prestar más atención a aspectos negativos de la vida que a los positivos. Además, una vez vividas, si no realizamos un esfuerzo consciente, las experiencias dolorosas tienden a recordarse más que las placenteras. Y para colmo no se recuerdan tal cual sucedieron, sino que les añadimos detalles aquí y allá a partir de nuestras expectativas y creencias sobre lo que sucedió o debería haber sucedido.

Es importante hablar en el aula. Preguntarnos unos a otros cómo estamos, qué tal fue el fin de semana, cómo hemos empezado el día, si hay algo que nos ronda por el alma y no nos deja concentrarnos. Podemos prestar atención de manera voluntaria a las cosas que nos ayudan, que nos hacen sentir mejor. Si nos sentimos bien, aprendemos más. Todo tiene más sentido para nosotros.

Cuando hay conflictos, aunque parezca que solo hay unas pocas personas implicadas, los desacuerdos y el enfado alcanzan a todos. Lo que para un adulto no reviste mayor importancia, para un joven o un niño o niña puede suponer una gran injusticia. Las peleas dejan un mal sabor de boca en todos.

El buen humor, la alegría y el compañerismo pueden y deben utilizarse para sustituir los malos ratos y gestionar los residuos emocionales negativos que permanecen después de un enfrentamiento. Que no quede nada por hablar, ningún sentimiento enterrado que pueda contaminar el aula más adelante, limitando las posibilidades de crecimiento y desarrollo de todos sus miembros.

Es tarea del adulto. Si conoces la tendencia innata de la mente a fijarse en los problemas y no en las soluciones, te resultará más fácil actuar para dirigir la atención a la infinita red de posibilidades que se extienden ante nosotros cada día en el aula.

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