El hecho de la muerte nos acompaña desde el momento de nuestro nacimiento, aunque rara vez hablamos de ello. En mi trabajo convivo a diario con este misterio que no deja de maravillarme. ¿Hoy respiro y mañana ya no estás, ya no estoy? ¿Cómo es posible? ¿Qué hubo antes? ¿Qué habrá después?

De cualquier forma que lo imagines, es inevitable, y parte de nuestra libertad va ligada a la aceptación o no de nuestra propia muerte y la de nuestros seres queridos.

Defiendo el derecho a una muerte digna, consciente, como un paso más del movimiento de la vida, que es una e indivisible.

Sabré acompañarte, sabré escucharte, buscar puntos de anclaje, crear redes de apoyo. Porque primero me acompañé a mí misma, me escuché, encontré redes de ayuda. No estamos solos.

Si te ayuda esta metáfora,  sea bienvenida:

La vida es como un viaje en tren…

Un viaje que puede acabarse en cualquier momento.

No hay reglas que marquen el final del viaje

en función de la edad, el sexo o la bondad de tus acciones.

No temer bajarse del tren es fundamental

para perder el miedo a que otras personas se apeen antes que tú.

Estar preparado para el final de este viaje

 es billete de primera clase para disfrutar del trayecto.

Eres libre para cambiar de vagón y escoger la compañía de distintos pasajeros.

Eres libre para saborear el paisaje o cerrar los ojos y correr las cortinas.

Pero más pronto o más tarde, habrás de bajarte del tren.

Cuanto antes lo comprendas y lo aceptes,

 más pronto se abrirán ante tus ojos

 una infinidad de posibilidades durante el trayecto.

No lo desperdicies.

Presta atención y disfruta.

Poema del Bhagavad Gita

 

“Ciertamente, todo lo que tiene un principio

ha de tener un fin.

La muerte es el final

seguro para quien ha nacido.

Pero es igualmente seguro

que quien ha muerto ha de

renacer.

Así pues, no deberías afligirte

por lo inevitable”

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