Del 8 al 11 de junio he tenido la fortuna de participar en este Congreso, junto con más de 600 personas. Ha coincidido con el final de mi primer año en el Máster de Mindfulness dirigido por Javier García Campayo en la Universidad de Zaragoza.
Es difícil resumir en una breve publicación los sentimientos que se han despertado en mí al compartir estos días con mis compañeras y compañeros de Máster.  Ha sido también un regalo conocer a los demás participantes y a todas las personas que han venido a contarnos sus investigaciones y la aplicación de Mindfulness a diversos grupos de población. El Congreso se ha desarrollado con un doble itinerario: por un lado investigación y docencia y por otro, práctica continua y talleres, lo cual sin duda ha enriquecido nuestra formación.
Si quiero destacar la presencia de Vidyamala, autora del libo “Tú no eres tu dolor”, que sin duda va a ayudar a aliviar el “cuerpo dolor” de muchas personas. Os animo a conocer su historia y a tomar ejemplo de esta gran mujer resiliente. Su equipo maravilloso en España (Silamani, Dharmakirti) trabajan en Valencia.
Me ha gustado también escuchar a Valentín (El proyecto Cien por México) , un mexicano que ha conseguido llevar espacios de meditación a poblaciones desfavorecidas de su país.
Sesha, Pilar Iñigo (Yogaterapia), Marta Alonso (MSC), los maestros budistas, los formadores en los distintos programas que incluyen Mindfulness para la práctica clínica, en la escuela, en los hospitales… Han venido más de 90 ponentes así que, ¿cómo podría mencionar a todos? Si te interesa, lo mejor es que accedas a la página del congreso, porque estas personas siguen investigando y dando talleres. El Congreso ha sido un gran empujón para todos nosotros. 
Y mi conclusión es que está bien formarse, pero lo mejor es marchar con todo lo aprendido a la orilla de un río y hacer como Sidharta, contemplarlo, dejándote mecer por la respiración. El río, siempre igual y sin embargo siempre distinto. Ni una sola gota de agua repite el camino. Ahora toca silencio, integrar lo aprendido, dejar que me impregne, que forme parte de mis células. Si todo esto no conduce a más paz y felicidad para mí y para aquellos que me rodean, no tiene sentido.
Con gratitud y admiración hacia Javier, por traernos todo esto a la puerta de casa. Me gusta verte siempre sonriendo y oír tus carcajadas de Papa Noel. Ciertamente, eres un regalo.
Os dejo unas fotos de mis apasionadas compis. Un lujo compartir esto con vosotras. (Por cierto, le regalé uno de mis cuentos a Vidyamala, ¡¡¡lo tiene en el regazo!!!)
Escrito por María

 

 

Dharmakirti, Vidyamala y Javier