He descubierto a Oriah hace poco y ya se ha vuelto imprescindible en mi vida. Siento una emoción profunda al leerla, todo me suena familiar, me da la sensación de encontrarme con una parte sabia de mí misma. 
Releo La Danza por segunda vez, maravillada de darme cuenta de que apenas recuerdo nada de la primera vez que lo leí, hace tan solo dos semanas. En mi primer encuentro con su libro devoré una página tras otra, incapaz de parar, dejándome empapar el sentir por su voz, que sonaba tan cercana, tan amiga. 
Oriah es una escritora canadiense. Su vida no es fácil, quizás de ahí la profundidad de sus poemas, de sus relatos y reflexiones.
Encontré su página web y su blog. Le dediqué un comentario y en pocas horas tenía una respuesta. Me encantan las redes sociales, tan amables para ayudarte a permanecer cercano a aquellos que te tocan el alma. 
Aquí os dejo dos de sus poemas, alrededor de los cuales se construye el relato que compone cada libro. Dejaos vibrar con ella, mujer sabia y fuerte. 

LA DANZA

Te he enviado mi invitación,
la nota inscrita en la palma de mi mano por el fuego de la vida.
No saltes y grites, “¡Sí, esto es lo que quiero! ¡Hagámoslo!”
Simplemente ponte de pie en silencio y baila conmigo.

Enséñame cómo sigues a tus deseos más profundos,
descendiendo en espiral hacia el dolor dentro del dolor,
y yo te mostraré cómo me estiro hacia adentro y 

me abro hacia afuera
para sentir el beso del Misterio, 

dulces labios sobre los míos, cada día.

No me digas que quieres guardar al mundo entero en tu corazón.
Muéstrame cómo te niegas a hacerle daño a otro
sin abandonarte a ti mismo

 cuando estás lastimado y temeroso de no ser amado.

Cuéntame una historia acerca de quien eres,
y mira quien soy en las historias que estoy viviendo.
Y juntos recordaremos que cada uno de nosotros siempre puede elegir.

No me digas cuán maravillosas serán las cosas. . . algún día.
Muéstrame que puedes arriesgarte a estar completamente en paz,
verdaderamente bien con la manera en que son las cosas ahora,
en este justo momento,
y de nuevo en el siguiente y en el siguiente y en el siguiente. . .

He escuchado suficientes historias de guerreros

de heroica audacia.
Dime cómo te desmoronas cuando golpeas contra el muro,
ese lugar que no puedes atravesar con la fuerza de tu propia voluntad.
¿Qué es lo que te lleva al otro lado de ese muro,
hacia la frágil belleza de tu propia humanidad?

Y después de habernos mostrado

cómo hemos establecido y mantenido
los lí
mites claros y saludables
que nos ayudan a vivir uno al lado del otro,
arriesguémonos a recordar que nunca dejamos de amar silenciosamente
a aquellos que una vez amamos abiertamente.

Llévame a los lugares de la Tierra que te enseñan a bailar,
los lugares donde puedes arriesgarte a dejar que el mundo te rompa el corazón.
Y yo te llevaré a los lugares donde la tierra bajo mis pies
y las estrellas en lo alto reconstruyen mi corazón una y otra vez.

Muéstrame cómo te ganas la vida
sin permitir que tu trabajo determine quien eres.
Cuando los niños hayan sido alimentados,
pero aún las voces dentro y alrededor de nosotros griten
que los deseos del alma tienen un precio demasiado alto,
permitámonos recordarnos uno al otro que no se trata de dinero.

Muéstrame cómo ofreces a tu gente y al mundo
las historias y canciones que deseas que

los hijos de nuestros hijos recuerden,
y yo te mostraré cómo lucho, no por cambiar al mundo, 
sino por amarlo.

Siéntate junto a mí en largos momentos de soledad compartida,
conscientes tanto de nuestra soledad absoluta como de nuestra pertenencia innegable.
Baila conmigo en el silencio y en el sonido de las pequeñas palabras cotidianas,
sin abrigar ninguna de ellas en mi contra al final del día.

Y cuando el sonido de todas las declaraciones
de nuestras más sinceras intenciones 

se haya desvanecido en el viento, 
baila conmigo en la pausa infinita, 
antes de la siguiente gran inhalación,
del Aliento que nos respira a todos hacia Ser,
sin llenar el vacío ni desde afuera ni desde adentro.


No digas ¡Sí!
Tan solo toma mi mano y baila conmigo.



La invitación

No me interesa lo que haces para ganarte la vida.
Quiero saber lo que ansías 

y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón.
No me interesa tu edad.
Quiero saber si te arriesgarías a parecer tonto por amor, 

por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa qué planetas están en armonía con tu luna.

Quiero saber si has tocado el centro de tu pena, 
si las traiciones de la vida te han abierto
 o si te has marchitado y cerrado por el miedo al dolor futuro.

Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, 
el mío o el tuyo, sin intentar esconderlo, 
hacer que se desvanezca o arreglarlo.

Quiero saber si puedes estar con la alegría, la mía o la tuya,
si puedes bailar con locura y

permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos de las manos y de los pies, 
sin obligarnos a ser cuidadosos,  realistas, sin recordarnos las limitaciones de ser humanos.

No me interesa si la historia que me cuentas es verdadera. 
Quiero saber si puedes decepcionar a otros por se fiel a ti mismo. Si puedes soportar una acusación de traición sin traicionar a tu propia alma. 
Quiero saber si puedes ser desleal  y por lo tanto de confianza.

Quiero saber si puedes ver la Belleza, 

aún cuando no sea bonita, todos los días, 
y si puedes hacer que tu propia vida surja desde su presencia.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo o el mío,

 y de pie en la orilla del lago gritarle a la plateada forma de la luna llena: “¡Sí!”

No me interesa saber dónde vives ni cuánto dinero tienes. 
Quiero saber si puedes levantarte
después de una noche de pesar y desesperación, 
cansado y golpeado hasta los huesos y 
hacer lo que sea necesario para alimentar a tus hijos.

No me interesa a quién conoces o cómo llegaste a estar aquí.
Quiero saber si te permanecerás

en el centro del fuego conmigo sin encogerte.

No me interesa en dónde o qué o con quién has estudiado.
Quiero saber lo que te sostiene, desde tu interior, 

cuando todo lo demás se derrumba.

Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo

y si verdaderamente disfrutas de tu propia compañía en los momentos vacíos.