El jueves 5 de noviembre hemos realizado otro taller de Risoterapia en el centro de Actividades Sananda. Una vez más hemos disfrutado de dos horas de tomar contacto con nuestro cuerpo y nuestras emociones, bailando, jugando, riendo, actuando, abrazando, cantando y relajándonos. Creo que entre todos aumentamos algún grado la temperatura que había en la calle, lo cual se agradeció.

A menudo os pido silencio durante algunas de las dinámicas. Este silencio es realmente importante. Bailando y caminando en silencio tomamos consciencia de las otras personas y de las sensaciones físicas y emocionales que experimentamos. En una sociedad sobresaturada de información y charlas inútiles, estos momentos de interiorización junto a otros son un regalo que es importante saber aprovechar. Sólo así podremos integrar estas experiencias de autoconocimiento y generalizarlas después al resto de nuestra vida. A veces es difícil, lo sé, porque es en el silencio donde nos encontramos de verdad con nosotros mismos y con los otros, y estos encuentros no siempre nos interesan, por muchos motivos. Pero se trata de crecer como personas y de vivir una vida más consciente, más rica y más plena.

En las dinámicas de Risoterapia aprendemos a conocernos más a nosotros mismos. Al principio es normal que sintamos vergüenza ante situaciones inesperadas. Por otro lado, después del calentamiento y gracias al apoyo incondicional de los demás, acabamos haciendo cosas que nunca hubiéramos pensado que podíamos hacer. Todo esto contribuye a que nos vayamos conociendo cada día un poco más y ampliemos con ello nuestro “mapa” mental de la realidad y de nuestra persona, aprendiendo a aceptarnos y a querernos tal y como somos.

Cada taller es una situación de aprendizaje tanto para mí como para los que os atrevéis a compartir con los demás esas dos horas, que yo siento tan especiales.

Qué gusto aprender así, entre risas y abrazos. Muchas gracias por estar ahí.