El presente documento es un resumen de las 55 páginas del Manual sobre Resistencia No Violenta dirigido a profesionales. http://www.rcpv.eu/90-manual-sobre-resistencia-no-violenta-dirigido-a-profesionales/file

Recomiendo su lectura completa y agradezco a sus autores su trabajo y su generosidad al compartirlo en las redes.

Recomiendo también la lectura del pdf de Haim Omer: Ayudando a los padres maltratados con la resistencia pacífica.

http://www.sevifip.org/index.php/2015-04-17-15-40-51/noticias-actividades/101-ayudando-a-padres-maltratados-con-la-resistencia-pacifica-omer-haim

 

La violencia filio-parental es un problema que a menudo nos encontramos las familias que tenemos un hijo –biológico o adoptado- con trastorno de apego. No es raro que tendamos a negar la gravedad de la situación, alegando que los niños son movidos y desobedientes, cuando en realidad ya se están produciendo conductas que pueden ser catalogadas como violencia hacia padres, madres o cuidadores principales. Según Cottrell (2001) y Calvette (2013), la violencia filio-parental es un acto dañino perpetrado por un menor con la intención de causar daño físico, psicológico o económico a uno de los progenitores o ejercer poder y control sobre ellos. Según estos autores incluye comportamientos abusivos tales como la agresión, la intimidación, actos de violencia física y psicológica con ánimo de tener el control. Se pueden dar también amenazas de autolesiones como una forma de ejercer poder y control sobre los progenitores.

Declan Coogan y  Eileen Lauster adoptan un enfoque práctico a la hora de definir la violencia filio-parental. Estos autores entienden que el comportamiento de un niño o niña es violento o abusivo cuando los miembros de la familia se sienten controlados, amenazados o intimidados por él. “Si los progenitores piensan que deben adaptar su propio comportamiento a causa de las amenazas, maltratos o violencia, nos encontramos ante un caso de violencia filio-parental”, afirman estos autores.

Las familias de niños y adolescentes con trastorno de apego podemos encontrar en el programa de Resistencia No Violenta creado por Haim Omer en Israel y adaptado a Irlanda por Coogan y Lauster algunas respuestas a la pregunta: ¿Qué hacer ante la violencia de mi hijo o hija?. Este programa ha sido puesto en práctica con numerosas familias y encierra un gran potencial para la mejora de las relaciones familiares y el cese de violencia por parte de los jóvenes.

Los elementos centrales del programa adaptado por Coogan y Lauster son:

  • Compromiso de los padres con la resistencia no violenta: los padres se comprometen a resistirse a la violencia y a no recurrir a ella en sus respuestas al menor, a pesar de sus provocaciones. Esto incluye el compromiso por parte de los progenitores de no incurrir en agresiones verbales ni físicas.
  • Técnicas de distensión: el desarrollo de habilidades de autocontrol y “autorrelajación” por parte de los progenitores para reducir la tensión y evitar confrontaciones innecesarias.
  • Mayor presencia parental: cambiar la forma en que un progenitor está presente en la vida de su hijo y replantear las interacciones sin un conflicto constante.
  • La red de apoyo: los progenitores cuentan el alcance del problema de violencia a una serie de personas importantes para ellos, a quienes también se invita a formar parte de una red de apoyo (abuelos, tíos o amigos).
  • El anuncio a la familia: se anuncia a la familia que ya no se va a tolerar más la violencia en casa (durante el anuncio se especificará claramente a qué tipo de violencia se refiere).
  • Actos de reconciliación: detalles o «incentivos» espontáneos y no merecidos (palabras/ acciones/ hechos) de los progenitores hacia el menor.
  • Negarse a cumplir órdenes y romper tabúes: retomar actividades que los progenitores pensaban que ya no podían hacer, como entrar en la habitación de su hijo, hablar con los amigos que invita a casa o ver la televisión en el salón.
  • La Sentada: una ruptura drástica con los hábitos del pasado y una demostración clara del compromiso de los progenitores a ejercer una resistencia no violenta.

 

Compromiso de los padres con la resistencia no violenta

Comprender de dónde parte el trastorno de los niños o jóvenes, es decir, conocer su probable causa, no justifica que no debamos tomar un curso de acción que ayude a estos niños a regular su comportamiento. Estos niños también pueden aprender las habilidades necesarias para evitar el uso de violencia. Se pudiera correr el riesgo de excusar el comportamiento violento en la creencia de que no pueden evitarlo, coartando así el potencial de hijos y padres y prolongando las experiencias de impotencia, desesperanza y violencia.  Coogan y Lauster.

Se requiere de los padres que establezcan objetivos claramente evaluables, por ejemplo: “No más insultos ni patadas”, en lugar de “Que tengamos una relación mejor”.

Técnicas de distensión

Una de las estrategias de distensión más importantes que aprenden las familias es la de “pulsar el botón de pausa”, que significa que los progenitores se comprometen a no responder inmediatamente ante una crisis o estallido de violencia. En vez de ello, se comprometen a mantener la calma y a decirle tranquilamente a su hijo que ese comportamiento se tratará más adelante, cuando ambos se hayan calmado. Los progenitores también encuentran útil practicar la estrategia de “hablar consigo mismos para tranquilizarse”, una especie de mantra que puedan repetirse, como “No voy a reaccionar a las provocaciones. Voy a mantener la calma”.

La red de apoyo

La red de apoyo evita que el silencio perpetúe la violencia. Es posible que, en un primer momento, los padres se muestren reticentes a considerar la opción de crear una red de apoyo y tener que contar a otros sus problemas relacionados con la violencia filio-parental. Tal vez piensen que pueden ser objeto de críticas y exposición y prefieran evitar que su hijo o hija tenga una mala reputación. Sin embargo, uno de los elementos más significativos del programa de RNV es la externalización del problema de la violencia para que el problema sea el comportamiento y no el menor. Cada vez que los progenitores o los miembros de la red de apoyo hablan con el menor sobre el problema, se refuerza el mensaje de que esa violencia o ese abuso específicos (por ejemplo, amenazas de agresión, insultos, golpes) debe terminar, que los padres también están comprometidos a respetar y evitar la violencia y que desean conocer las sugerencias de su hijo para ponerle fin.

Mayor presencia parental

Aumentar las interacciones con los hijos es otro de los puntos clave del programa. Algunas sugerencias de medidas que los padres han intentado hacer son: aumentar su presencia en la vida de su hijo enviándole mensajes de texto o haciendo llamadas breves solo para decir “¡Hola!”; llamar y abrir la puerta del dormitorio de su hijo cuando pasan por ahí, hacer más preguntas sobre su vida cotidiana, sobre adónde van y qué hacen. No se espera que el hijo o la hija respondan con sonrisas y gratitud. Es posible que, de hecho, respondan con silencio o con gritos. Sin embargo, esos actos transmiten el mensaje de que, una vez más, el progenitor es quien tiene en deber de interesarse por su hijo y, poco a poco, esto se traduce en un cambio en la dinámica de la relación. El objetivo de esta estrategia no es conseguir que el hijo responda amablemente y exprese sentimientos cálidos hacia su progenitor, sino ayudar a los padres a desarrollar la habilidad de perseverar en una actividad parental positiva ante una posible oposición o rechazo. Si determinados actos de aumento de la presencia parental tienen más probabilidades de derivar en un aumento de los niveles de agresión, los progenitores pueden optar por recurrir en su lugar a otros actos de presencia parental que sea menos probable que tengan ese efecto.

El anuncio a la familia

El siguiente paso consiste en anunciar a toda la familia que ya no se va a tolerar más la violencia en casa y que hay varias personas (específicas) que están apoyando a los progenitores a poner fin a la violencia doméstica. Omer (2004) señala que el anuncio es un punto de inflexión para toda la familia. Representa la declaración de compromiso de los progenitores con la resistencia no violenta y el compromiso ante ellos mismos, las personas que los apoyan y sus hijos. Los progenitores pueden esperar que el menor reaccione ante el anuncio con indiferencia u hostilidad.

Los actos de reconciliación

Los actos de reconciliación no son más que ofrecimientos de actividades o detalles por parte de los padres o madres que no están vinculados a ningún comportamiento, bueno o malo, del menor. No se ganan por un buen comportamiento y, una vez ofrecidos, no se retiran por un mal comportamiento. Los progenitores los ofrecen en el momento que consideran oportuno. Por ejemplo, un progenitor puede ofrecerse a llevar al menor al cine para ver una película que sospechan que puede gustarle o bien alquilar su película favorita, cocinar o comprar la comida que más le gusta. No hay ninguna obligación inherente al ofrecimiento, de modo que si el menor lo rechaza, ello no debería convertirse en motivo de conflicto. La finalidad de los actos de reconciliación es que el progenitor realice el ofrecimiento y haga saber al menor lo mucho que vale para él por el mero hecho de ser su hijo.

Negarse a cumplir órdenes y romper tabúes

Con los años, también pueden formarse hábitos de sumisión en las relaciones familiares en virtud de los cuales los progenitores se hacen más obedientes a los deseos de su hijo o hija, toda vez que estos se vuelven menos respetuosos hacia sus progenitores (Omer 2004). Algunas de las acciones que los progenitores han decidido no llevar a cabo de forma automática son: pagar caros teléfonos móviles, servicios de Internet o paquetes de televisión, dar dinero al menor cuando este se lo pide, ofrecer un servicio de taxi a demanda, cocinar a hora intempestivas (o preparar comidas especiales) o hacer las tareas domésticas de determinada forma por insistencia del menor. Es importante que el profesional recuerde a los progenitores que la técnica «Negarse a cumplir órdenes» no es una sanción y no se hace en respuesta a un incidente de agresión o violencia. No se trata de un castigo. Se trata de un cambio de rutina, adoptado de manera tranquila, y de una ruptura con los antiguos patrones de obediencia del progenitor. También supone la recuperación por parte de los progenitores de un sentimiento de reafirmación y autoridad. No es necesario que el progenitor lo consulte con su hijo o hija (en realidad, hacerlo puede desencadenar un incidente de violencia filio-parental). En su lugar, un padre podría decir simplemente, “Me he dado cuenta de que estaba haciendo X automáticamente…” o “Me he dado cuenta de que no me sentía bien haciendo siempre Y, así que he decidido dejar de hacerlo”.

Los progenitores pueden sentir que hay actividades que su hijo les tiene “prohibido” realizar. A esto se le llama “tabúes” y los padres deben decidir qué tabúes quieren romper. Al igual que ocurre con la técnica anterior, romper tabúes no es un castigo. Este es también un acto de resistencia no violenta y supone un cambio de rutina que otorga poder a los progenitores y cambia la percepción que estos tienen sobre sí mismos. Hemos de  prepararnos para las posibles reacciones negativas del menor, como amenazas, gritos o violencia. La mejor respuesta parental es basarse en los principios descritos previamente: (i) ser persistente, (ii) resistirse a la violencia y (iii) desarrollar la capacidad de evitar responder a las provocaciones de manera negativa o violenta.

La Sentada

La Sentada demuestra la resistencia, la perseverancia y el compromiso férreo de no usar la violencia. En el momento que elija, el progenitor entra en la habitación de su hijo, cierra la puerta y se sienta entre el menor y la puerta durante un tiempo prefijado, por ejemplo, media hora. Si los progenitores lo estiman necesario, un miembro de la red de apoyo puede estar también presente en otra parte de la casa. Mientras se sienta en la habitación del menor, el progenitor dice claramente algo parecido a lo siguiente: “No voy/vamos a tolerar más (definir el comportamiento claramente, por ejemplo, tus golpes y patadas) y voy a estar aquí sentado esperando (por ejemplo, media hora) para que pienses en una solución que ponga fin a la violencia”. Alternativamente, el progenitor podría hacer una declaración del tipo siguiente, relacionada con el comportamiento inaceptable hacia un hermano: “No voy/vamos a tolerar más que golpees a tu hermana, la insultes y te burles de ella”. Los objetivos imprecisos y generales no sirven de nada. Si el progenitor le ha pedido a otra persona de la red de apoyo que esté presente (en la casa, pero no en la habitación), el progenitor se lo transmite a su hijo diciéndole algo así: “pensamos que te pondrías violento, así que le hemos pedido a X que esté aquí de testigo”. Si el menor se pone violento a pesar de la presencia de un testigo fuera de la habitación, el progenitor puede pedirle a esa persona que entre. Es muy probable que entonces cese la violencia. La Sentada no es un castigo. Supone una ruptura drástica de los hábitos de interacción del pasado, en los que tal vez el progenitor había llegado a aceptar el comportamiento violento y dominante como parte de la vida familiar. La Sentada suele tener lugar unas pocas horas o un día o dos después de un incidente de violencia o comportamiento dominante, en un momento elegido por el progenitor.

El objetivo de la Sentada no es convencer al menor del valor del punto de vista de los progenitores ni ganar una discusión con el niño. El objetivo es conseguir una mayor presencia parental, resistirse a la violencia y romper tabúes.

El ataque a un progenitor durante una Sentada puede empezar siendo verbal, cuando el menor lo insulta y lo amenaza. Como en el caso anterior, el progenitor permanece sentado en calma y evita la discusión con el menor. Si este se acerca a su padre o madre para empujarlo o golpearlo, la primera reacción es continuar con la Sentada (mientras sea seguro hacerlo), y el progenitor debería protegerse sin devolver el golpe y llamando a la persona de apoyo para que acuda a la habitación, en el caso de que se encuentren en otra parte de la casa. Si no hay ninguna persona de apoyo en la casa o si no es seguro que el progenitor continúe con la Sentada, este la interrumpe o se aparta para que el menor salga de la habitación. Esto no es un acto de rendición ni sumisión, como observa Omer (2004), sino una retirada táctica que permite al progenitor retomar la Sentada cuando pueda contar con la presencia de una persona de apoyo. El objetivo de la Sentada no es conseguir que el menor se comporte bien durante el tiempo que dura esta estrategia. Su finalidad no es que el padre «gane», sino demostrar al menor la presencia parental, su persistencia y su resistencia a la violencia. Aun cuando el menor se comporte mal durante la Sentada, ello no significa que esta haya sido ineficaz.