Este es nuestro segundo cuento. Es un cuento para jóvenes y adultos. Y también para que los abuelos y abuelas se lo cuenten a sus nietos.
Se lo he dedicado a mi madre, quien no deja de sorprenderme a sus 82 años.
Quisiera que, a través de sus páginas, todos pudiéramos conectar con ese algo esencial y maravilloso que habita en cada uno de nosotros, independientemente de nuestra edad o de nuestra condición física. 
Ojalá no tengamos que evitar nuestra mirada en el espejo y aprendamos a reírnos con nuestros granos o arrugas.
Ojalá no robemos con la mirada el valor del otro cuando su aspecto no se ajusta a nuestros estándares de belleza. 
Ojalá todos podamos maravillarnos algún día de nuestra belleza, única, especial, inalterable. 
Ojalá… 
Para ti, mamá, con gratitud y admiración.

Escrito por María