Tomado del libro Aulas Felices

– Comenzamos creando una atmósfera de relajación y concentración, pidiendo a los alumnos que adopten una postura cómoda, sentados, con la espalda recta, que cierren los ojos y realicen varias respiraciones tranquilas y profundas, para concentrarse y llenarse de calma.

– Cada uno recitará interiormente los versos que figuran más abajo, procurando además sentir de modo intenso y sincero lo que se recita:

.Que yo/él/ella sea pacífico y feliz, con el cuerpo y el espíritu serenos.
.Que yo/él/ella esté a salvo, libre de cualquier daño.
.Que yo/él/ella esté libre de ira, aflicciones, miedo y ansiedad.

(Podemos haberles dado previamente una copia de los versos escritos, o pueden escribirse en la pizarra o proyectarse en una pantalla). La secuencia para la recitación es la siguiente:

1º. Cada uno piensa en sí mismo y se dedica esos versos (“Que yo sea pacífico y feliz,…).
2º.  A continuación, pensamos en una persona a la que apreciamos, y recitamos los versos pensando en ella y deseando vivamente aquello que estamos pensando.
3º. Posteriormente, hacemos lo mismo pensando en alguien que nos resulte indiferente (una persona que hemos visto por la calle y que no conocemos, un vecino con quien no tengamos una especial vinculación,…).
4º. Ahora recitamos los versos pensando en alguien a quien amemos (un miembro de nuestra familia, nuestra pareja, una amistad especial,…).
5º. Finalmente, hacemos lo mismo pensando en alguien cuyo solo recuerdo nos cause sufrimiento (una persona con quien no nos llevamos bien, alguien con quien estamos atravesando una relación difícil, incluso alguien con quien tengamos una declarada enemistad, etc.).

– Para acabar, cada uno se visualiza a sí mismo como si de su corazón irradiaran ondas de amor, de modo semejante a como se propagan las ondas de un estanque cuando arrojamos una piedra en él. Imaginamos que esas ondas irradian hacia quienes nos son más cercanos y se van extendiendo poco a poco: a nuestra familia y amigos, a nuestros vecinos, a nuestro barrio, a la localidad, a todo el país, a todos los seres animados e inanimados de la Tierra y, finalmente, nuestras ondas de amor llenan todos los confines del universo.

Tomada de la red