La Selva de Oza se encuentra al final de una carretera que sale de Hecho, Huesca. Al atravesarla,  te encuentras con una pista, la pista de Guarrinza, que sube hasta el valle de Aguas Tuertas. Estuve en marzo y la encontré cubierta de nieve, por lo que tuve que caminar el doble y con mucho cuidado. Un mes después, las temperaturas habían subido y pude dejar el coche bastante arriba, en un pequeño espacio delimitado. Hay que ir con cuidado, porque los baches son enormes y se requiere atención plena en la conducción para no tener un accidente. A partir de ahí, se continúa la pista andando poco más de una hora por la pista, dejando un maravilloso valle salpicado de cascadas (valle de Guarrinza) a la izquierda. 

Acompañando esta eterna inquietud que me lleva a subir montañas, fui realizando pequeñas paradas en el camino para contemplar el paisaje o, simplemente, respirar. Siendo muy joven, una monitora de tiempo libre me enseñó a regular mi respiración para economizar el esfuerzo. Nunca olvidé esa lección de vida y ahora que conozco el mindfulness, ha cobrado para mí más importancia. Caminar, respirar, contemplar; caminar, respirar, contemplar… La montaña un escenario perfecto para entrenar la atención y la capacidad de saborear y disfrutar. 

Al final de la pista se puede ver un círculo de piedras o cromlech, uno de los muchos que por lo visto hay por esta zona. 

Círculo de piedra en la cabecera del valle de Guarrinza

 

Este círculo ha formado parte del valle durante miles y miles de años. Me siento unos minutos junto a él y respiro hondo. Tomo y suelto el aire puro y fresco y el tiempo desaparece. Toco, admiro, escucho lo que otros antes que yo tocaron, admiraron y escucharon. Me invade una sensación de estar entonces y ahora al mismo tiempo. Es como un segundo de eternidad. Me imagino a las gentes de aquella época colocando las piedras para dejar su marca en el camino y. a la vez, señalar la ruta a otros que anduvieran más tarde por ahí. ¡Quién sabe!

Continúo caminando y más arriba, pasado un refugio de pastores, se abre el valle de Aguas Tuertas. 

El refugio en el mes de marzo

 

Mi mirada intenta abarcar el valle en toda su profundidad. El pensamiento se detiene y me dejo inundar por la presencia poderosa de la naturaleza que se despliega en este rincón del Pirineo aragonés. No intento no pensar, simplemente, no pienso. 

Valle de Aguas Tuertas

 

Todas las pequeñas y grandes cosas de mi vida se desvanecen y solo sé ser y estar como él, pura presencia consciente, admirada y agradecida ante el  instante que se me ofrece.

 

No requiere mucho esfuerzo meditar aquí. El esfuerzo ya se hizo en la subida e, incluso, en la conducción. Ante esta belleza te haces tan pequeño que tu forma física casi desaparece de tu conciencia.

Tan solo queda respirar, contemplar y callar.

Dolmen en Aguas Tuertas

Si quieres practicar mindfulness en la naturaleza, escríbeme a si@conscienciaenmovimiento.es

Escrito por María