Se están haciendo mayores, el cuerpo pesa, los recuerdos se agolpan, se sienten extraños porque tantos otros ya partieron y ellos siguen aquí. A veces parece que eligen olvidar. Tantas emociones no expresadas, tanto dolor que no tocaba compartir, la Vida que a veces no se entiende. 

Pero su Vida también fue alegría, trabajo que dio frutos, familia y amigos, música y risas. Vida plena vivida momento a momento. 

Escucho que te duele, que te dan pena…

Con la pena les robas la fuerza, te digo. La lástima no ayuda, no dignifica, no honra.

¿Cómo explicarlo? ¿No será tu propia pena la que te das tú? ¿No será que proyectamos fuera esa desazón que nos provoca el paso de los años, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte? ¿No será eso?, me pregunto.

Ellos no se merecen nuestra pena. Lo que necesitan es admiraciónrespeto, sincero y profundo. Porque salieron adelante, porque hicieron lo mejor que pudieron con sus vidas, porque son grandes por dentro aunque sus cuerpos ya no lo muestren. 

Ellos necesitan nuestra alegría y nuestro amor, amor incondicional, incluso hacia sus achaques, pérdidas de memoria, cambios de humor…

Es tan fácil cambiar la mirada, es tan fácil pasar de la pena a la admiración, de la lástima al respeto y la honra. ¡Y te sientes tan ligera después! ¡Más fuerte y más capaz de estar plenamente presente!

Gracias papá, gracias mamá. 
Digo SÍ a vuestro proceso de Vida.
Sí a los años que van pasando.
Y Sí  a mi propios sentimientos cuando os veo haceros mayores, porque sé que, detrás de vosotros, voy yo.

Escrito por María