Este verano ha venido a verme una joven pareja muy cercana acompañada de su prole. He visto en sus ojos la necesidad de conjugar el cansancio con la ilusión de un viaje. Cuando los peques ejercen de tal, con algunos añadidos (no como, no duermo ni dejo dormir, etc) la vida la verdad se vuelve compleja si uno no sabe dónde ubicarse. 
No me gusta dar consejos a nadie porque cada familia es un mundo de constelaciones familiares difícil de desenmarañar. ¿Quién soy yo para saber qué necesitáis y cómo puede mejorar vuestra situación? 
Pero, por favor, perdonadme si os digo que pongáis una cabra en vuestra vida. ¿Cómoooo?
Esta historia la aprendí de Tony de Mello y la voy a adaptar a los tiempos modernos. Verano 2016.
Había una vez una pareja joven con dos preciosas criaturas a la que le gustaba viajar con su autocaravana por el mundo. Aunque aparentemente todo parecía ir literalmente sobre ruedas, las cosas no eran tan bonitas como parecían. Un día, desesperado, el hombre fue a buscar un maestro para pedirle consejo. 
Llamo a la puerta del sabio algo asustado y tímido. Cuando entró, le contó nervioso y enfadado todo lo que le dolía en la cabeza y en el corazón.
– Maestro, tengo una autocaravana muy pequeña. Mi criaturas lloran, gritan, cantan, saltan por los asientos sin parar. No prueban la comida y apenas si duermen. Mi mujer no me ayuda lo suficiente. Me encuentro solo y agotado y nadie me escucha ni me quiere ayudar.
El Maestro le miró con infinita compasión por unos segundos. Luego volvió los ojos al libro que sostenían sus rugosas manos y le respondió con voz suave: Compra una cabra y métela en la autocaravana. Luego ven a verme dentro de un mes. 
El cuerpo joven y fuerte del hombre dio un respingo y su bello rostro se crispó incrédulo.
– Pero Maestro, gritó. – Le he dicho que mi autocaravana es muy pequeña y casi no soportamos estar juntos. ¿Cómo voy a meter una cabra si apenas hay sitio para mi familia?
– Si deseas un cambio en tu vida, haz lo que te digo.- le respondió con firmeza el Maestro.
El joven tenía mucha fe en el Maestro, ya que su canal de vídeo era uno de los más visitados por familias en busca de ayuda y su web era mundialmente famosa. Decidió por lo tanto hacer lo que le habían pedido. Compró una cabra y la metió en la autocaravana.
A su mujer le pareció una idea horrible, pero como era amante de los animales no pudo rechazarla. Las criaturas la tomaron como un juguete animado, un peluche gracioso con el que compartir su comida. Pero según pasaban los días las cosas se fueron complicando cada vez más. La cabra mordisqueaba indistintamente libros, juguetes y ropa. Hacía sus necesidades por los asientos, destrozó el aire acondicionado y se zampó toda la comida que había en la despensa. El hedor era insoportable. Los gritos que provenían de la pequeña autocaravana se podían oír a kilómetros de distancia. A las dos semanas, el joven no podía más y volvió a ver al sabio para explicarle la situación. Su cara estaba demacrada, había adelgazado diez kilos y su pelo se había vuelto casi blanco de los disgustos. 
Cuando el Maestro lo vio, esbozó una sonrisa traviesa y después de escuchar sus quejas le dijo: Saca la cabra de la autocaravana. Busca unos amigos para que te ayuden a limpiarla. Compra comida y llena la despensa. Ven a verme dentro de una semana. 
A la semana volvió el joven. Su rostro lucía sereno y feliz. Su ropa estaba limpia y hasta parecía oírsele canturrear. 
– Maestro, le dijo.- Somos felices. Estamos los cuatro, tenemos todo lo que necesitamos, Cuando tienen hambre comen, si estamos cansados dormimos, si necesito ayuda la pido. Ahora entiendo que no supe valorar mi vida y por querer algo distinto me estaba perdiendo todo lo que tengo. Soy muy afortunado. Somos muy afortunados.
El Maestro se levantó despacio y lo acompañó hasta la puerta riendo. 
Desde entonces el joven sabe que todo está perfecto y la cabra vive feliz en un rebaño de cabras en el monte, comiendo hierba y rastrojos con otras cabras, haciendo todos lo mejor que pueden y saben.
Y con la esperanza de días más frescos y risueños se despide

María