En noviembre he impartido dos talleres de risoterapia. Uno en la Feria de Salud de Sabiñánigo y otro en Zaragoza.

En la Feria de Salud estuvimos 46 personas riendo, jugando y bailando. Una sala enorme que no conocía, lo cual siempre me obliga a respirar y a aceptar las cosas como son. Pero aquella gente, os lo aseguro, venían aprendidas. Todos se reían, se abrazaban, se divertían con una actitud tan sana y tan bonita que estar con ellas fue un regalazo impresionante cuyo recuerdo permanece en mí.

El taller de Zaragoza, en cambio, fue en un espacio pequeño y acogedor, igual demasiado pequeño para las nueve personas que estábamos. Pero la experiencia fue igualmente gratificante, ya que en esta ocasión fue a la  risale añadimos momentos de interiorización que transformaron la sesión en un proceso de crecimiento más consciente.

¡Agradecida por los dos y esperando el próximo!